martes, 28 de agosto de 2018

Robert

El avión aterrizó con su estruendo característico, una vez más. Voces, aplausos, alaridos de felicidad y jolgorio. Nunca lo entendí y nunca lo entendería por más que pasasen los años. La única alegría que podía llegar a sentir era por estar de vuelta en el hogar, en Saints Gate.

Descendí por las escaleras sacando el móvil del bolsilló de la chaqueta del traje. Distraido, casi ni me percaté de la azafata -Que tenga un buen día, señor- sonrió con dulzura, fue lo único que alcancé a ver cuando le dediqué una simple mirada. Falsas sonrisas. Estaba tan acostumbrado a ellas que las identificaba al momento.

La llamada dio tres tonos antes de que descolgaran el teléfono. Entonces pude oír su dulce voz -¿Ya has llegado?- sonreí. Era siempre un alivio tenerla al teléfono
-Sí, cielo... aquí estoy- comenté mirando a mis alrededores. A esas alturas, saliendo ya de la terminal. Como siempre, me esperaba mi coche personal. Diego me esperaba elegantemente vestido de negro a juego con su piel morena, agraciada por su ascendencia hispanoamericana. Monté en el vehículo tras esperar a que me abriera la puerta trasera del coche sin decirle una sola palabra. Él sabía que tampoco debía dirigírmela si estaba ocupado con una llamada -¿Cómo estás?-
-Bien, como siempre. Trabajando. No podremos hablar mucho-
-Lo lamento. Siento molestarte- dije con suavidad
-Nunca molestas, idiota- se rió -Ya tendremos tiempo para sentirnos importunados cuando nos casemos- comentó jocosa
-Oh... así que esa es la vida que esperas de mí- le seguí el juego con media sonrisa, mirando a través de la ventana. Los edificios pasaban como una procesión ante mi mirada.
-Bueno...- suspiró de forma teatral -¿Tienes planes el día de mañana de poner el fútbol en nuestra televisión mientras yo quiero estar viendo otra cosa? ¿O irte de bares con tus amigos mientras yo aguardaba pasar una noche tranquila con mi marido en casa? Si es así, espero grandes molestias-
-No puedes ser más cliché, Rose- estalló en risas al oír mi respuesta exasperada
-No seas tan aburrido Rob- dijo con su dulzura típica. Sonreí
-Además, es como si esperaras que fuesemos a vivir como un matrimonio típico, pobre y sin más recursos... ¿Irme de bares con amigos? Por el amor de Dios- ella se seguía riendo
-No menosprecies a los más humildes. Te recuerdo de dónde vengo-
-Y gracias doy por ello, pero si te aburres de algo o tendremos molestias, será de discutir en qué clase de hoteles quieres hospedarte mientras viajamos por todo el mundo-
-Eres tonto, definitivamente- volvió a suspirar, esta vez en serio -Oye... te tengo que colgar, no quiero que me echen una bronca-
-Si alguien te regaña, sólo tienes que decírmelo- comenté en tono suave
-Mi héroe- volvió a fingir treatralidad -Sé defenderme solita, querido mafioso. No necesito que vengas a partirle las piernas a nadie sólo por decirme que estoy infringiendo la ley en mi horario laboral- me mantuve en silencio. Otra llamada acudía también a mi móvil, así que también debía colgar -Nos vemos luego ¿sí? Estoy deseando verte Rob-
-Y yo, cariño. Nos vemos luego. Te quiero-
-Y yo a ti- colgó. Mi teléfono estalló en llamadas al instante. Suspiré.

-No me has llamado- la voz cavernosa de mi padre me martilleaba la sesera desde la primera palabra -Te dije que me llamaras en cuanto aterrizaras-
-Sí, padre. Lo lamento-
-Lo vas a lamentar- gruñó -¿Hablabas con tu chica?-
-Sí, padre- cerré los ojos
-No olvides tu lugar Robert. Ella no está antes que nuestra familia. No está antes que nuestros proyectos-
-Pero vamos a...-
-Me da igual que os vayais a casar. Es un lastre. Deberías estar agradecido al menos de que te permito contraer nupcias con una cualquiera que podría tirarlo todo al traste-
-Te aseguro, padre...- tragué saliva -Que Rose no será un problema-
-Más te vale. Ven de inmediato. Tenemos que atajar unos asuntos con Soo Li- fruncí el ceño al oír el nombre
-¿Ha vuelto?- miré a Diego, el chófer, a través del retrovisor. Él me devolvió la mirada. Señalé en una dirección y no tardó en obedecer mi orden. Supo hacia dónde le pedía que me llevara.
-Nunca se ha ido. Ese desgraciado de ojos rasgados y su panda de flacuchos tatuados están empezando a ser un pequeño dolor de cabeza. Tenemos que solucionarlo. Tienes que solucionarlo- su voz no presagiaba nada bueno
-Sí, padre-
-No me hagas esperar. O me temo que ese intento de boda tuyo va a tener que esperar más aún-
-...Sí, padre- la llamada terminó de forma abrupta -Maldita sea...- arrojé el móvil al asiento. Diego volvió a mirarme
-¿Todo bien, señor?-
-Conduce, en silencio- ordené -Por tu bien Diego. No me provoques, no ahora- mis palabras fueron claras y él sabía lo que podía suceder, por lo que optó por obedecer. Me alegré de ello ¿Es que podía surgir a caso algún otro problema más que no me permitiera disfrutar, aunque fuese por un sólo día, de un pequeño remanso de paz?

Jack

Llevábamos días en la carretera. Toda la hermandad se mantenía en convoy mientras avanzabamos de forma inexorable hacia nuestro destino. Los altos edificios de Saints Gate ya se divisaban cercanos por lo que no tardaríamos en poder estirar las piernas. Según Josh, nuestro líder y jefe de grupo, ya tenía apalabrado un local con un tipo en los bajos fondos que lo dejaba bastante barato, así que tendríamos dónde descansar. A ratos parecía que era mentira, desde luego. Me encantaba mi grupo, adoraba mi moto como si fuese mi chica, pero también disfrutaba de caminar por una ciudad de vez en cuando. Llevabamos tanto tiempo de trayecto, parando sólo para mear, tomar algo y dormir. Si lo supieran, si llegaran a oír lo que mi cuerpo me pedía, seguramente me echarían a pedradas de la banda pero... joder, si era cierto.

Llegamos con la caída del sol y con las primeras estrellas todo el asunto del local estaba terminado. Era un cuchitril, un viejo bar al que ya nadie acudía. El interior habría sido hermoso antaño, pero todo cuanto quedaba era asientos desgastados cuyo relleno sobresalía por diversos cortes producidos presumiblemente por peleas o gente aburrida con cuchillas. El suelo estaba lleno de mierda de rata, alguna que otra cucaracha y hasta un par de jeringuillas de viejos yonkis ocupas del local. Todo muy romántico -Bienvenidos a casa, tíos- dijo Josh, quitándose las gafas de sol por fin. Me preguntaba cómo no le molestaban incluso de noche
-Vaya un antro- se atrevió a apuntar por fin Dave, grande y fuerte. Todo un armario. Los tatuajes le asomaban por el cuello de la camiseta reptándole por el cuello hasta su cabeza rapada -¿No había un sitio mejor?-
-¿Tienes el dinero para un sitio mejor, David?- inquirió Josh con rintintín
-No me llames así- gruñó, cruzándose de brazos
-Pues deja de quejarte, "Dave"- se mofó -¿Los demás qué pensais?- yo esperé a la opinión de Martin, Sam y Morgan, que dieron su visto bueno. Yo sabía que lo hacían por no llevar la contraria a Josh. Tenía unos 50 y pico años pero era un verdadero peligro llevarle la contraria. No era el jefe por nada -¿Y tú Rogers? No has dicho nada-
-Yo...- medité -Supongo que es peor dormir en mitad de la carretera- concluí
-Veo que mis hermanos no están muy conformes con mi decisión...- se relamió los labios -Pero me complace anunciaros que esto es sólo el comienzo. Empezaremos los negocios en breve-
-¿Qué negocios?- Dave entornó la mirada
-Si hemos venido aquí cruzando casi medio país no ha sido sólo por quitarnos de encima a la ley. Esto es Saints Gate, muchachos-
-Ya sabemos el nombre ¿Pero qué tiene este lugar de especial? ¿Qué clase de negocios son esos que dices que vamos a hacer?- se desesperó Morgan, impaciente
-A esta ciudad la llaman La Rosa Negra entre el crimen organizado. Se dice que aquí manda la ley del más fuerte. La policía, el ejército, hasta el puto presidente de los Estados Unidos se cagaría en sus pantalones si intenta impor aquí su estúpida ley. Aquí vamos a mandar nosotros. Tengo ya un contacto- sonrió triunfal
-Nos fuimos de Omakley por meternos en movidas ilegales y vamos a hacer lo mismo aquí- apunté, sin comprender -¿Vamos a estar vagando de ciudad en ciudad recorriendo el país?-
-¿Y qué cojones esperas, Jack Rogers?- gruñó Josh -¿De dónde vas a sacar la pasta para vivir? ¿Para financiar a la hermandad?-
-¿Tan difícil es intentar abrir este antro como bar de paso o un taller?- se hizo el silencio entre mis hermanos y eso no era buena señal
-Parece que el pequeño Jack no capta de qué va todo esto- sonrió Dave. El "pequeño Jack" era el mote preferido para más de uno de ellos. Pese a mis 33 años, era el más joven... y el menos agresivo -No somos hermanitas de la caridad. Somos los Black Phoenix, muchacho. Y no vamos a aguantar a imbéciles que vengan a restregarnos su dinero. No voy a pasarme horas arreglando tartanas por unos míseros 50 pavos- bufó
-¿Y vamos a pasar droga hasta que nos tengamos que ir? No es productivo-
-¿Es que no escuchas o eres directamente sordo, capullo?- Josh empezaba a perder la paciencia. Tenía poca a decir verdad. Prácticamente ninguna -En esta ciudad manda el crimen. Hay algo, alguien, que controla los hilos. Y vamos a formar parte de ello. Empezaremos moviendo droga por las calles de esta enorme y preciosa ciudad y después daremos saltos a mejores posiciones. Nos haremos un renombre. El grupo crecerá, seguramente. Y nos haremos los dueños de este puto territorio- finalizó con una sonrisa escalofriante
-¿Pretendes que nos adueñemos de Saints Gate?- preguntó Morgan, interesado
-En este lugar, donde todo está permitido, sí. Dentro de unos meses la policía ni se atreverá a buscarnos. Sólo tenemos que tomar algo de poder y reconocimiento. Pero todo llega- entre mis hermanos empezaban a nacer sonrisas, carcajadas y júbilo ¿Realmente era yo el único imbécil que veía que no todo podía ser tan fácil? Una ciudad donde mandaban las manos negras de la sciedad, donde la ley era cada vez más débil... ¿Realmente Josh pensaba que no habría rivales tratando de hacerse con el poder? ¿De verdad... creía que todo se reducíría a pasar droga, hacer dinero y chantajear a los políticos del lugar? Sí, sí que lo creía. Lo daba jodidamente por hecho. Y por ello era la persona más equivocada del jodido mundo. No sabía, no tenía ni la menor idea, ni él ni ninguno de los miembros de la hermandad de toda la mierda que ibamos a encontrar... y yo el que menos.

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