Thomas
Aquella noche, las sirenas de policía resonaron a lo largo de las calles de Saints Gate mientras que yo, bueno, podía decir que estaba tranquilo. Un robo a mano amada con heridos graves rumbo al hospital. Al menos el criminal había sido detenido ¡Qué alivio! Me desabroché un botón de la camisa azul y me peiné los cabellos hacia atrás para refrescarme un poco a mí mismo mientras que mi viejo compañero, el inspector William, se acercaba. Su fuerte y gran manaza en mi hombro me hizo sentir bastante reconfortado. La sangre, pese a ser policía, no era precisamente lo mío -Lo has hecho bien, como de costumbre, detective Walker- dijo con aires de superioridad
-Gracias Will- le sonreí
-Déjate de Will, capullo- comentó entredientes -Que estamos trabajando. Muestra profesionalidad-
-Sí, Inspector- asentí con seriedad. William terminó estallando en carcajadas. Siempre me hacía la misma jugada. Maldito imbécil... pero le apreciaba, pese a todo. Era casi mi mejor amigo
-Siempre te la comes doblada ¿eh?- hubo un breve silencio -Eh... sin querer ofender ni bromear sobre tu orientación sexual. Ya sabes. Yo soy legal. No discrimino. Si te gustan las... Bueno, tú me entiendes- le sonreí con compasión
-Los hombres, Will. Sí, me gustan los hombres. Me gusta mi novio- suspiré -Ya te he dicho decenas de veces que no me molestan esos comentarios. Era una forma de hablar, una frase hecha. Y aunque trataras de picarme con comentarios sobre mi orientación sexual, he de decirte que no lo conseguirías ¿Por qué debería herirme que me dijeras que me gustan las... pollas?- la palabra era soez. No me gustaba. Me educaron con buenas formas. No me iba demasiado el decir palabras malsonantes -¿Te ofende a ti que te diga que te gustan los coños?-
-La verdad es que no. En absoluto. Me gustan- me rodeó con el brazo. Olía a café, ahora que lo tenía tan cerca. Siempre olía a café. Su barba blanca me raspó la mejilla -Oye... entre tú y yo, ahora en serio... Llevamos años siendo compañeros ¿Nunca te has comido uno?-
-Vete al cuerno- le di un codazo y me lo quité de encima
-Deberías probar uno. Quizá te haga cambiar de idea- se mofó
-¿Sí?- reí por igual, caminando hacia el coche, pues el trabajo estaba hecho -Pues igual lo hago-
-¿Hablas en serio?- se sorprendió
-Sí, cuando te vea con un pene en la boca, probaré yo una vagina. Quién sabe, quizá te haga cambiar de idea-
Llegar a casa era uno de esos mayores placeres que jamás había experimentado y más desde que ingresé en el cuerpo de policía. El insertar la llave en la cerradura, girar el cerrojo, oír el suave "click" mientras la puerta comenzaba a ceder. Era casi como si viniese alguien a decirme que era millonario de forma repentina -¡Eh!- saludé con efusividad cuando Percy vino a saludarme. Era un encanto de perro, pequeño, una mezcla entre yorkshire y sabía dios qué más. Lo encontré callejeando cuando era apenas un cachorro y no me pensé dos veces el traerlo a casa conmigo, y con Nathan
-¿Ya has llegado?- Nathan se asomó al pasillo con su flamante sonrisa
-Nope- suspiré, cogiendo al perro en brazos y lanzándome al sofá a toda velocidad -Dame una hora y estoy en casa- comenté de forma sarcástica
-¿De mal humor?- me miró comprensivo
-Cansado, nada más- me encogí de hombros mientras Percy me lavaba cada poro de la piel con dulces y cariñosos lametazos
-Pues venga, a cenar y a la cama- sonrió
-Eres mi héroe...- me levanté con pereza y ambos nos dirigimos a la cocina. Estaba deseando meterme en la cama tras una reconfortante ducha.
No eran ni las 4 de la mañana cuando el teléfono móvil comenzó a sonar. En el silencio de la noche hasta la melodía más dulce podía resultar penetrante. Tanto Nathan como yo nos despertamos con un sobresalto. Al espabilarse y darse cuenta de que era mi móvil, me disparó una mirada fulminante -Tengo que cogerlo...- lo cogí con pereza y observé la pantalla borrosa a mis ojos. Pronto pude vislumbrar el nombre de Will en la pantalla -Es William...-
-Pues cógelo y tened una cita de una vez. Joder, te llama más que yo- dijo entre bromista, quejica y celoso
-Seguro que es trabajo- bostecé y descolgué -¿Qué pasa, Will?-
-Hola bella durmiente. Levanta el culo, te necesito- dijo tan alto que hasta Nathan lo pudo oír
-¿Que me necesitas? Una leche Will. He terminado mi turno hasta mañana-
-Necesitamos efectivos Tom y tú eres detective del cuerpo. Me temo que tenemos a uno gordo en la ciudad- suspiró -Mira, no hay tiempo ¿vale? Ven y te lo explicaré todo. Te pido disculpas por adelantado, a ti y a Nathan, que seguramente me estará oyendo- miré a mi lado en la cama y sí, estaba oyendo
-Sí, te oye...-
-Hola Nathan- saludó efusivo Will pese a tenerme a mí al teléfono. Mi pareja puso los ojos en blanco
-Me... vestiré e iré ¿A dónde tengo que dirigirme?-
-Vente a los muelles y rapidito. Parece que tenemos un nido de cucarachas bien gordas. Las tríadas, chico. Mafias chinas han empezado a anidar por nuestra puñetera ciudad y ni nos hemos enterado-
-Joder...- miré a Nathan con cierta preocupación. Sí que eran malas noticias.
-Venga, ven aquí. Hay mucho que buscar, mucho que incautar y muchos que detener- la llamada telefónica se cortó entonces, suspiré y me levanté para vestirme. Una alegre nueva jornada de trabajo para nada inesperada y en absoluto explotadora. Maldita ciudad.
Jack
Al llegar la mañana pude ver que fui el último en levantarme, y eso que curiosamente era el único de todos que no había bebido hasta caer borracho como una cuba. Salí de la habitación que habíamos seleccionado como "catre" al fondo del viejo local sólo para encontrarme con que todos se habían reunido en círculo en torno a una mesa, con Josh al frente, echand chispas -Eh, qué pasa- saludé rascándome la barba
-¿Que qué pasa?- gruñó Josh -¿Has dormido bien, Jackie?- preguntó con voz hostil
-...Sí- dije sin más, despreocupado -¿Qué pasa? ¿Y esos aires?-
-Nos han jodido el negocio- tiró un teléfono móvil antiguo de mala gana sobre la mesa -Anoche la puta policía encontraron los alijos que ibamos a disperar. Me cago en su puta vida- pateó la mesa, el sofá y una silla -¡JODER!-
-Eh, cálmate- sugerí -Encontraremos otros negocios Josh-
-¿Que me calme? ¿Tú me vas a decir a mí que me calme? Ah, claro- anduvo hacia mí a toda prisa. Me tomó con sus manazas del cuello de la camiseta y me levantó un centímetro del suelo obligándome a estar de puntillas. Era fuerte y tenía muy mala baba -Qué fácil es decirlo ¿verdad que sí, capullo? Tú nunca te preocupas por nada. Te conformas con ser el chico de los recados. Dejas que seamos los demás quienes nos comemos la olla y encima nos dices que nos calmemos. Te pueden dar por el culo Jackie. Bien fuerte, hasta el fondo. Que te salga por la boca atravesándote la garganta- gruñó enseñando los dientes
-No pretendía ofender- traté de suavizar la situación mostrando calma -Sólo digo que podemos buscar otra manera. La ciudad es enorme, tío-
-Tío...- me soltó con un empujón -Tío, dice...-
-No es tan sencillo- dijo Dave -Seguramente estarán buscando a los que tengan estos móviles, pues los señalan como cómplices, distribuidores. Son móviles antiguos con números únicos. No tienen nada en la memoria, sólo el número del jefazo principal-
-Pues deshagámonos de él- me encogí de hombros
-Si encuentran la forma de salir del embrollo y llaman y no contestamos, van a venir a por nosotros. Nos tacharán de chivatos o peor, de polis infiltrados. Ya es mucha casualidad que lleguemos nosotros a la ciudad, acuerden un trato de distribución con nosotros y les pillen- suspiró. Sus alegaciones hicieron que Josh se ennervara mucho más
-Así que estamos entre la espada y la pared. Si no nos jode la poli nos jode una mafia más grande que nosotros- me crucé de brazos -Y yo que pensaba que ibamos a estar bien en este lugar-
-¿¡Te estás burlando de mí o qué, payaso!?- tronó Josh -¿Tratas de decirme algo? ¿Pones en tela de juicio mi liderazgo? ¿¡Tu lo habrías hecho mejor!?- Dave se adelantó velozmente a detenerlo, agarrándolo del brazo
-El chico no ha dicho nada, Josh. Sólo lo que todos esperábamos, prosperidad en Saints Gate- le dijo en baja voz para tranquilizarlo. Si no lo hubiese hecho, seguramente Josh me habría tirado algo a la cabeza. Estaba quemado y furioso como nunca lo había visto. Se soltó del agarre de Dave con furia. No se pegaron, seguramente, porque eran los primeros miembros de los Black Phoenix y eran a todas luces hermanos. Se necesitaban mutuamente. Yo era el último en la cadena de mando, el chico de los recados, el nuevo, pese a llevar años con ellos... A ojos de Josh, era prescindible. Y por eso me toleraba. Era útil tener a un chivo expiatorio. Por suerte nunce cometí un error para ganármelo.
De pronto, dicho teléfono móvil sonó y Josh corrió a descolgar -¿Sí?- esperó respuesta -Sí... somos nosotros. Ya, lo hemos oído- Josh nos miró a todos -Sí... Sí. ¿Seguro?- esperó respuesta nuevamente -Lo pillo. De acuerdo, de puta madre- sonrió. El resto nos tranquilizamos -Ahora mando a uno de los muchachos para allá. Me alegra saber que no habéis perdido la confianza. El futuro es brillante- y colgó -Todo listo-
-¿Qué ocurre?- preguntó Dave, extrañado
-La policía metió las narices pero el jefe de esos tipos se escapó. Quiere que vaya uno de los nuestros a buscar mercancía para una prueba de distribución- anunció el líder -Y creo que hay uno de nosotros que ha dormido muy, muy bien y está más que descansado ¿Verdad, Jack?- todas las miradas se centraron en mí. Sentí un leve escalofrío
-Sí, claro- dije tratando de mostrarme sereno
-Pues coge la moto y ponte en marcha. Y no nos falles- ya, sabía muy bien que no podía permitírmelo.
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